Ha llegado
mis cosas 10 comentarios »No, no me refiero a que haya llegado el momento de los caretos nuevos como este
o este
. O
. Incluso podríais pensar que me refiero a este
, ya os adelanto que tampoco es este
. No amigos, no ese momento.
Es un momento peor, delicado, no bueno. Aunque lleve asociados temas y tal que si molan, algunos mucho, más bien algunas y sus algunas respectivas. Se que muchos lo temen pero hay que apechugar, ser hombres y afrontarlo, como Nadal, como Marchena, como Arantxa. Por supuesto me estoy refiriendo al… verano. Joder no me vengáis con que no estaba claro, si os lo he puesto a huevo antes, leed bien y descifraréis pechuzas. No hace falta ser el, no lo diré, no lo diré, del Ocón de Oro ese, sea lo que coño sea.
Y digo que ha llegado el verano porque su primer síntoma se ha dejado ver. No tiene que ver con las milongas esas del solsticio, que si San Juan y demás mierdas que os han hecho creer a lo largo de estos años. No. Se sabe cuando llega el verano cuando mi soberano y turgente culo deja su marca en el asiento. Y eso sucedió ayer, por la tarde más concretamente. Pijo que calor, pensaba que me daba algo, pero no era suficiente para hacerme bajar a por el ventilador al trastero, gandulillo que es uno. Una cosa mortal, los chorretes de sudor corriendo por la entrepierna, por los sobacos, atusándome mi preciosa media melena gitaneril, ¿os estoy poniendo burras verdad? Normal, para el próximo año recordadme que me ponga una webcam y me véis. ¡No fantaseéis cuando podéis disfrutarme en directo y a un precio tan bajo que pensaréis que
sufre cierto retraso mental! A ver si pongo vuestros caretos, que poniendo siempre a
no mola tanto.
Menos mal que hace ya un mes, más o menos, abandoné el traje, meses antes la corbata, para ponerme vaqueros, no quiero pensar lo que sería bajar al CSU con la mancha de sudor a la altura del ojete y que alguno la confunda con el Santo Rostro de Jesús. Podría darse el caso, si eso fijáos la próxima vez
. En su lugar, y para combatir este incipiente calorazo de mil demonios, he decidido dar un paso más modesto, y es desabotonarme un botoncillo de la camisa. Ya sé que no parece mucho, pero por algo se empieza, que uno es recatado hasta el extremo y si me quito alguno más es posible que me asalte algún clérigo de lustrosa coronilla y liguero bordado.
En fin, al menos dentro de nada empezará la temporada de ronizados y refrescantes noches en la Sala Kong esa, o como coño se llame, aderezadas con mojitos y cojines mugrientos.
¡Pechuzas! ¡Pechuzas! ¡Buenas para el Jedi! Jiiii jijiji 



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