Desde tiempos inmemoriales, incluso de los que no tenemos noticias porque son antiquísimos, tenemos entre nosotros seres de cualidades extraordinarias, aparentemente normales, tal vez vulgares. Han escrito la Historia, ya sea actuando directamente, ya sea llevando el 14 a la espalda, nunca tuvimos a uno cerca, siempre sabíamos de ellos por escritos antiguos, por el boca a boca, las historietas de los abuelos, que si hubo un señor que se comía cuatro kilos de polvorones sin una sola gota de agua, así te lo digo y así te lo has de creer o te pego una patá en el cielo de la boca. Pero ahora lo tenemos aquí, el destino, esa fulana de muslos turgentes, ha tenido a bien ofrecernos uno de esos seres especiales, y el sábado noche volvió a mostrar su condición…

Ya comenté en algún otro post, son tantos que ni recuerdo en cual pudo ser, que nada bueno sucede a partir de las 2 de la mañana, idea completamente original que si habéis tenido noticias de ella en cualquier otro sitio mandaré a mis abogados. Y ya no digo después de las 3. Pero aún así se intentan cosas nuevas, aún sabiendo que no es la hora indicada, pero los seres especiales son así. Así pues, dirigíamos a nos al coche, en retirada del en ocasiones Rempalme-ni-siquiera-pop, cuando me entraron ganas de mear. Ese chorro aparentemente inofensivo causó un resquebrajamiento en el espacio-tiempo, fuimos trasladados a una realidad paralela en la que yo no iba a conducir, y si yo conduzco mi propio coche es que algo ha pasado, creo que todos lo notamos… no explicaré nada sobre realidades paralelas ya que os supongo a todos ya expertos en la materia gracias a los desvaríos de yonkos muchimillonarios que han enriquecidos nuestras vidas durante los últimos años.
Así, expulso las últimas gotas de mi persona y me doy la vuelta… y ahí está el ser especial, ocupando mi lugar al volante, pleno de confianza, azuzado por una voz a su derecha que le anima a cometer tal fechoría, pero ya todo estaba escrito, ya no éramos nosotros, éramos otros nosotros en otra parte, la misma parte pero no, ya sabéis. Decido que está todo bien, permito que la rueda siga girando y me sitúo en la parte trasera, un ser prácticamente especial no puede llevar la contraria a uno especial, eso es así y no somos nadie, el Rojo menos.
La rueda comienza a girar… el coche, digo el coche empieza a girar, más concretamente sus ruedas, lo otro habría sido excesivo, ni seres especiales ni leches. Y en la primera curva aparece la primera dificultad, el coche se cala. Es lo que tiene sacarte el carnet con un coche diesel, que cuando coges uno de verdad no es lo mismo, y no habría pasado nada si otro coche no hubiese aparecido al lado, coche ocupado por seres especiales pero de otra manera, tan especiales que consiguen que las pelotas se vuelvan introductas sin articular palabra, y la tensión se podía cortar con las uñas de los pies. El coche se pone en marcha, parece que el otro sigue su camino, todo va a salir bien. El ser especial nos dirige a su casa, donde su presencia de ánimo dejará el vehículo y los demás podremos continuar con nuestras no tan especiales existencias. Pero justo a 20 metros el coche vuelve a poner impedimentos, no pasa nada, ya estamos cerca de la meta… y ellos vuelven a aparecer, esta vez se colocan al lado interesándose por la situación y todo se viene abajo.
El ser especial sale del coche y les muestra su especial documento identificativo, se les hiela la nuca al ver lo que tienen delante, pero han de cumplir con su deber, le anuncian que deben comprobar su grado de especialidad. Sacan un artilugio futurista y se lo introducen en la boca al ser especial…
… para dar 0.27 puntos de especialidad, siempre hablando en millones por supuesto. No dan crédito a lo que están viendo, resultados nunca vistos por lo que necesitarán una segunda prueba que confirme lo que, empiezan a temer, tienen delante. Pero para ello habrá que esperar unos minutos, supuse que para preguntar a sus superiores si continuar con el procedimiento, no es bueno jugársela con algo así. Intento tranquilizar al ser especial, pero el no lo necesitaba, desprendía calma y erotismo a partes iguales, a pesar de que pendía sobre su cabeza una posible sanción de quinientas unidades monetarias locales y seis puntos travel de su tarjeta conductora.
Curiosamente nos reconocen de la noche anterior, noche en la que se pararon a nuestra vera en el Polígono del Metal, música fantabulosa a todo trapo, zumos y elixires por el suelo, momento en el que se interesaron por nuestra situación, si nos faltaba algo, que no nos preocupásemos por los lobos que estaban ellos allí. Yo, un poco sordo, bajo la música para conseguir entenderles, ellos lo entienden como que voy algo perjudicado, nada más lejos de la realidad, la perjudicación ya la había dejado atrás…
… y llega la prueba confirmatoria. Ya no hay vuelta atrás, hemos intentado razonar con ellos, mira que el crío vive aquí al lado, mira si esa es su puerta, que se acaba de sacar el carnet, presión para el que baja a la mina, a un mendigo no se le hace eso y tal. Pero no hay manera, saben que, a pesar del peligro que puede llevar excitar a un ser especial, su captura les puede hacer ascender meteóricamente en lo que sea que ellos ascienden, no como el Cartagena ese
. Finaliza la prueba, ya no es tan especial, ha bajado a 0.21, pero siguen siendo excesivos ya que a un ser especial de su rango sólo se le permiten tener 0.15 (parece ser que un maggle como yo puedo llegar hasta los 0.30
, pero no creo haber llegado jamás a eso). Todo se viene abajo, le veo tambalearse y el cielo se oscurece… más.
Pero casi instantáneamente levanta la cabeza, se gira en nuestra dirección y nos guiña un ojo, se nos erizan todo lo erizable en las ingles, Él sabe algo que desconocemos. Se vuelve a girar hacia ellos y coge del cuello al que le ha hecho las pruebas, conseguimos entender lo que le dice: “¿Tu quieres que te mate?”. Se queda blanco, mira a todas partes, se lo está haciendo encima, se da cuenta que no debió jugar con ciertas cosas. “Bueno, a tenor de las circunstancias lo dejaremos como un aviso, para que aprendáis de esta”, se ha acojonado ante las cinco palabras del ser especial. Incluso nos permiten, aún sabiendo que no debíamos, coger el coche y moverlo de ahí, se fían “de nuestra palabra”
.
Así, el ser especial se queda en casa y los demás continuamos nuestro camino, todo ha vuelto a la normalidad, pero somos más sabios y, servidor, ha recuperado cierta ilusión en las autoridades, vilipendiadas con razón en otras ocasiones, pero que se portaron de putísima madre en esta, ha quedado claro el por qué, aunque no siempre le tendremos cerca para sacarnos las castañas del fuego. Hemos de aprender algo de todo esto, sólo somos hombres, ni dioses ni gigantes, sólo hombres.
. Así, saco la rueda de repuesto, gato, instrumental quirúrgico de vehículos a motor, hasta aquí todo bien. Pero nada, que los tornillicos que sujetan la llanta no salen, el cosa ese que los hace girar y los saca no encaja, cosa rara porque Tom me confirma que en la rueda de atrás si encaja, pero la de atrás no está rota y sería tonto quitarla, que de repuesto sólo llevo una. Probamos y probamos, más Tom que servidor de ustedes, ya empiezo a sentirme completamente inútil, aunque ya había tenido un percance con una rueda hará un par de años y debería saber realizar las operaciones, pero en aquel entonces fue maese Monty el que hizo todo el trabajo, sin duda para dejarme como imbécil. No hubo manera, si la cosa de sacar tornillos no encaja hay que rendirse y llamar al Señor Lobo, aquella noche encarnado en un obrero de la construcción de las gruas, juraría que era el mismo que un mes antes me rescató en el Polígono del Metal… otra noche de inutilidad, aunque menos porque si la batería se va a tomar porculo poco se puede hacer sin cables de poder. Y así esperamos unos minutos hasta que apareció nuestro salvador, por supuesto espera bañada en cerveza provista diligentemente por Lâ-Carmen. Y el puto amo de la asistencia en carretera consiguió realizar la tamaña proeza de sacar la rueda… tras quitar los tapones a los tornillos
.
y cualquier otra deliciosa porquería que encuentre a mi alcance, al final el resultado parece ser similar. Pero, miren ustedes, sigo en mi peso actual, unos 75 kilos de awesomeness, kilo abajo, decenas de kilos arriba. Además empieza a hacer bueno por lo que las tardes primaverales invitan a calzarse unas agüitas como CR9 manda.
La película está bien, muy bien incluso, sólo se echa en falta alguna jamelga, pero eso en las películas de Tim Burton parece que está prohibido, supongo que para que no hagan sombra a su señora. Incluso para no ser una comedia me hizo más gracia que la que vi justo antes, Falsas apariencias, que parece hecha con calzador para las gracietas de Mathew “Chandler” Perry, pero como sale Bruce Willis merece la pena verla, deberían nombrarle ya mismo Grande de España y quitarselo a la pelleja esa, la de las pelotas de tenis en la boca.